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jueves, 4 de diciembre de 2008

Un buen número


En sí el número 826 es bonito, me gusta como tal. Detesto, sin embargo, el significado que tiene desde ayer a las 13.03. No quiero tener que hablar de ese número aquí, nunca debería haber escrito este texto. Lo han vuelto ha hacer, han apretado el gatillo. Uno más. Ya van 826 víctimas de ETA: cuánta muerte, cuánto dolor. Quizá un cargo más que añadir a la larga lista que acarrea en su curriculum la puta escoria. Espero que no quede en un quizá y se logre dar con los asesinos. Han sido los abanderados del progresismo, los supuestos defensores de la naturaleza vasca, los que luchan por sus intereses, o los de los vascos, con la pistola en la mano. Y los que se esfuerzan en mantener la boca cerrada para no elogiar las acciones terroristas.
Y ha sido un asesinato más, no nos sorprende ver noticias semejantes desde hace años. Parece algo intrínseco a la sociedad española. ¿Por cuánto tiempo?

jueves, 20 de noviembre de 2008

Feliz Cumpleaños, Excelencia


No hay mucho que explicar ciertamente. Un día como hoy hace treinta y tres años fue tremendamente feliz para un pueblo reprimido que confirmó el fin de una era oscura y el comienzo de una época ilusionante. He leído una información que me ha resultado muy curiosa, por una vez la casualidad se puso del lado del bien (quizá fuera una muerte asistida, y habría que acusar a los médicos del Generalísimo de ser unos homicidas): según un miembro de su equipo médico, Franco tenía un 97% de posibilidades de sobrevivir si se hubiera llevado a cabo la operación correctamente. A propósito de esto, te voy a recomendar una buena película sobre los últimos tiempos del dictador, en tono de comedia: "Buen Viaje, Excelencia" del grupo teatral Els Joglars. Si tienes oportunidad no te la pierdas.

¡Se me olvidaba! Será el último 20-N con nuestra maravillosa estatua de Franco en la plaza del Ayuntamiento de Santander. Los amigos falangistas ya se pueden ir a hacer puñetas y a llevar ramos al cementerio, y las palomas ya pueden irse a cagar a otro lado.

jueves, 23 de octubre de 2008

Spain is different?

España no es como otros países de Europa en muchos aspectos: somos mediterráneos, eso se nota en nuestros hábitos, desde lo que comemos hasta los horarios de actividad en nuestra vida cotidiana. Pero hay cosas que demuestran la perfecta armonía de España y Europa. Y no me refiero sólamente a los vínculos políticos, económicos, sociales... que nadie niega que existen. Hay otro nexo de unión. Y voy a ser un poco cabrón. A todos, los europeos y los no europeos, nos encanta cobrar un sueldo del copón y trabajar más bien poco. Y desgraciadamente nacieron algunas personas cuya única vocación en la vida era ser político, lamentablemente incapaces de desarrollar alguna profesión paralela a la política; por suerte no todos los políticos son así: ¡joder si el sistema funciona en muchos casos, bendita democracia!. Lo cierto es que es un problema enorme: las políticas se atascan porque los dirigentes quieren seguir trabajando cómodamente desde su sillón sin haber opción de que lleguen aires nuevos. Otro tema es el sueldo, del que ya hablaré más adelante. Un tema para escribir largo y tendido y encabronarme con el mundo por los derroches acojonantes de nuestro Estado (no muy diferentes de otros países más típicamente europeos). Lo cierto es que pese a todo vivir en España, y en Europa, está pero que muy bien. España ya no es tan diferente, lo era.

lunes, 20 de octubre de 2008

Adherido a las sábanas

Que nos la pela el Tercer Mundo no es algo nuevo. Nunca ha pintado nada para los países ricos. Pese a que la cosa va mejorando levemente en el sentido de que la conciencia social sobre el asunto es cada vez mayor, la inversión en solidaridad a nivel mundial es insuficiente. Digo esto porque ayer hubo una manifestación contra la pobreza, para recordar a los políticos que pese a la sutiación de crisis no podemos abandonar al inframundo, y sólo fueron 500 personas (es decir, acudió 1 de cada 1000 cántabros). Por tener una referencia, en la manifestación contra el terrorismo del 12 de Marzo de 2004, tras el atentado de Al-Qaeda de Madrid, se manifestaron 85000 personas en Cantabria. Está claro que sólo nos mueve del sofá el sufrimiento de aquellos con los que nos identificamos, si ocurre algo similar en Rwanda o uno de esos países africanos que cambia constantemente de nombre, cambiamos de canal, nos molesta en nuestro cómodo estado emocional. Por cierto, subrayo FUERON, porque yo tampoco acudí a la cita. Y eso que creo en la política y en la acción social para cambiar la realidad. Me siento culpable por ello, pero las sábanas tienden a quedarse adheridas al cuerpo los domingos de resaca. Pero la conciencia colectiva sigue tranquila, pese a la maldita crisis nuestros hábitos tampoco cambian mucho: ¿para qué levantarnos de la cama?

viernes, 17 de octubre de 2008

Derecho a vivir, derecho a morir

La Declaración sobre la eutanasia del Vaticano nos enseña: "...según la doctrina cristiana, el dolor, sobre todo el de los últimos momentos de la vida, asume un significado particular en el plan salvífico de Dios; en efecto, es una participación en la Pasión de Cristo y una unión con el sacrificio redentor que Él ha ofrecido en obediencia a la voluntad del Padre. No debe pues maravillar si algunos cristianos desean moderar el uso de los analgésicos, para aceptar voluntariamente al menos una parte de sus sufrimientos y asociarse así de modo consciente a los sufrimientos de Cristo crucificado".
Me parece muy significativo el hecho de que sea comprensible para la Iglesia que las personas sufran a causa de enfermedades, en especial cuando se encuentran al borde de la muerte. Me hace reflexionar sobre su postura en cuanto a la eutanasia, una palabra que no suena bien, pero que no deja de ser la interrupción VOLUNTARIA de la propia vida. ¿Debemos agachar la cabeza ante los designios de la vida...o de Dios? ¿Es ético prolongar el sufrimiento de enfermos en estado terminal cuando son ellos los que manifiestan su expreso deseo de poner fin a su vida?
Vida, muerte. Dos conceptos íntimamente relacionados: la muerte no deja de ser la última vivencia, el último instante de la vida, la culminación de la existencia. Por tanto si la dignidad es inherente a la vida, más aún debe serlo a la muerte. Sólamente uno mismo puede decidir en qué momento su existencia pasa de ser un derecho a una obligación. Es de todos reconocido el derecho fundamental de toda persona a una vida digna, y su libertad para componer su existencia, tomando las decisiones que la lleven por la senda de la felicidad. Es la hora de que en España y en Europa cambie la legislación en este tema, basta ya de lastres religiosos: los derechos fundamentales son pisoteados. No basta con políticas progresistas, hay que desligar definitivamente la Iglesia del Estado (recordemos la Constitución: "Ninguna confesión tendrá carácter estatal."). Ésto sería una verdadera garantía de libertad para todos los ciudadanos.
¡Derecho a vivir, derecho a morir!


EN EL NOMBRE DE DIOS. AMÉN.